MUCHÍSIMAS GRACIAS


Estas dos palabras se quedan muy cortas para describir mi gratitud y felicidad en el día de ayer, día en que presentaba por primera vez mi novela Fotografías imborrables. Felicidad por la energía positiva del lugar (muchas gracias a La Sue Bcn). Felicidad por ver las ganas de toda la gente que me arropó y que me hizo sentir la escritora más afortunada del mundo. Felicidad por poder explicar el proceso que me ha traído hasta aquí. Y felicidad por poder presentar a las protagonistas de mi libro, las verdaderas responsables de que ayer domingo, 6 de Noviembre de 2016, yo accediese a sentarme delante de un grupo de personas a las cuales les importaba lo que yo había escrito.

Así que aquí os dejo las palabras que les dediqué a mis dos primeras hijas putativas, Laura y Patricia.

A mi queridísima Laura

Llegaste y yo no estaba preparada, apareciste de repente, situándote entre mi propio anhelo y una ajena casualidad, como si aquel lugar siempre hubiese estado reservado para tí. ¡Menuda sorpresa! Allí estabas, delante de mí, incontrolable, drástica, orgullosa. Aunque en tu defensa diré que durante todo este tiempo también has sido paciente y considerada, soportando estoicamente mis dudas y manías. Me mirabas y me mirabas pero yo no era capaz de descifrar que era aquello que demandaban tus ojos, no me daba cuenta que deseabas lo mismo que yo, simplemente recorrer juntas el mismo camino. Y a pesar de que hacía tiempo que reclamaba tu presencia, ahí estaba yo, plantada delante de tí, dando vueltas en círculo para llegar a ninguna parte. Hasta que aferraste mis manos entre las tuyas, con decisión, con fuerza, con valentía y me lanzaste sin piedad contra el vacío blanco, contra el pudor al descubierto, contra el miedo al error, contra el sinsabor de lo que pudo haber sido. Tomaste la decisión por las dos y te lo agradezco. Siempre te lo agradeceré. Permaneciste a mi lado mientras todo se desdibujaba, alentaste mi mano titubeante sobre el teclado para disipar mis dudas, clarificaste las ideas abotargadas de mi mente hasta conseguir que mis dedos le dieran la forma deseada. En definitiva, guiaste mis pasos hasta este puerto que hoy comparto con quien desee conocerlo.

Sé que vendrán muchas más, de hecho algunas ya estan aquí, pero tú tendrás siempre el honor de ser la primera, el inicio genuino de un mundo, el tuyo, dentro de otro mundo, el mío, o mejor dicho, el nuestro. Y por eso permíteme que te conceda, como un pequeño y secreto homenaje que hoy quedará desvelado, el apellido que me habría gustado tener si hubiera nacido en el país que te otorgué en tu mundo, nuestro mundo.

Así que no te enfades si hoy te cedo casi todo el protagonismo, sé que estás arrugando la nariz con cierto desagrado pero también sé, que como aquella primera vez, no me fallarás y permanecerás junto a mí.

A mi queridísima Patricia

¡Qué tonta he sido! Tanto tiempo esperando y resulta que siempre habías estado ahí, pero sé que sabrás perdonarme. Tu paciencia y tu cariño son solo algunas de tus muchas virtudes.

Tú siempre tan discreta, tan comedida, esperando por mí medio escondida entre aquellas dos inmensas columnas que yo atravesaba cada mañana temprano, caminando despistada, pensando en mis cosas. Hasta aquel día en que al fin mis ojos se toparon con los tuyos, unos ojos llenos de cielo y de bondad. Y en ese preciso instante lo supe, estabas hecha para mí, o mejor dicho, yo era toda tuya porque iba a ser incapaz de negarte nada. ¿Cómo hacerlo? A una mujer de tan bellos rasgos y tan delicados gestos. Imposible. Mi mundo entero siempre estará a tus pies, sin importar que tu lo rechaces dulcemente, con una sonrisa en los labios, una y otra vez.

Rememoro con ternura esa forma tan tuya que tienes de atrapar mis movimientos en tu mirada, consiguiendo que mi alma se convierta en un remanso de paz, iluminando cada oscuro rincón.

Supongo que ya estaba escrito, que no podía ser de otra forma, que no existía lugar para que las dudas nos embargasen a ninguna de las dos. Estabas predestinada a ser el equilibro, el murmullo tranquilizador que susurra el afecto en el momento preciso, el contrapeso perfecto a los vaivenes que, en algunas ocasiones, me dominan con abrumadora facilidad. Por eso siempre te busco, me quedo quieta hasta que tus ojos asoman porque entonces tengo la certeza de que todas mis palabras reposarán en tí y mi felicidad será completa.

 

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